martes, septiembre 21, 2004

C.G. Jung y Alcohólicos Anónimos, algunas observaciones, parte # 1

Revisión al 20 de agosto 2005:
Debo revisar el sentido de este post y los subsiguientes sobre el mismo tema.


El común escuchar en los grupos de Alcohólicos Anónimos (AA) que su programa se debe o surgió del consultorio de Carl Jung. En la literatura de AA se cita la siguiente historia, que aquí presentamos de manera resumida.
Se dice en el libro Alcohólicos Anónimos, el texto fundador del movimiento, conocido también como libro azul o libro grande, que un hombre de negocios norteamericano “apto y con buen sentido” había pasado de un sanatorio a otro para tratar su problema de alcoholismo y que fue a Europa donde siguió un tratamiento con Carl G. Jung, al finalizarlo “creía haber adquirido tal conocimiento del funcionamiento interior de su mente y de sus resortes escondidos, que una recaída era algo inimaginable. A pesar de esto, al poco tiempo estaba borracho” (pag. 24, 3era edición, versión en español 1990). Se dice que volvió donde Jung y que este le dijo “tiene usted la mente de un alcohólico crónico (…) nunca he visto recuperarse a nadie”. El hombre de negocios (después llamado Rowland H. en la literatura de AA) le preguntó “¿no hay ninguna excepción?” y Jung le contestó: “Sí, sí la hay (…) Aquí y allá, de vez en cuando, algunos alcohólicos han tenido experiencias espirituales vitales (…) Parecen ser de la naturaleza de enormes desplazamientos y reajustes emocionales” (pag. 25).

En otra publicación de AA llamada “Tres charlas a sociedades médicas por Bill W., co-fundador de AA” se da una versión ligeramente distinta del discurso de Jung. Supuestamente le dijo a Rowland H., además de lo anterior: “La fe religiosa corriente no es suficiente. De lo que yo hablo de una experiencia transformadora, una experiencia de conversión* si le parece mejor el término. Solo puedo recomendarle que se sitúe en la atmósfera religiosa de su escogencia (…) y que se entregue a cualquier Dios que usted crea que exista. El rayo de la experiencia transformadora podría entonces golpearlo”.

En la autobiografía de Carl G. Jung Recuerdos, sueños, pensamientosEditorial Seix Barral- Jung da una visión completamente distinta del proceso terapéutico con dicho hombre de negocios, además de decir que no era “alcohólico” sino una neurótico corriente con un pavoroso complejo materno:

“Un colega americano me había enviado un paciente. El diagnóstico decía «neurastenia alcohólica». El pronóstico le calificaba de «incurable». (…) Vino a las horas de consulta y después de que hube conversado un poco con él advertí que el hombre tenía una neurosis corriente de cuyo origen psíquico él no sospechaba nada. Hice con él la prueba de asociación y por ello supe que sufría las consecuencias de un formidable complejo materno. Procedía de una rica y distinguida familia, tenía una simpática mujer y, por así decirlo, carecía de preocupaciones aparentemente. Sólo que bebía demasiado y esto era un desesperado intento de narcotizarse para olvidar su agobiante situación
Naturalmente, por este método no logró librarse de sus dificultades.
Su madre era propietaria de una gran empresa y el hijo, extraordinariamente inteligente, ocupaba en ella un puesto directivo. Realmente hubiera debido sustraerse mucho antes a la humillante subordinación de su madre, pero no podía decidirse a sacrificar su brillante posición. Así pues, quedó ligado a su madre, que le había facilitado su puesto. Siempre que estaba con ella o debía someterse a una de sus intromisiones comenzaba a beber para adormecer sus afectos o bien liberarse de ellos. En el fondo, sin embargo, no quería abandonar el confortable nido, sino que se dejaba seducir, en contra de sus propios instintos, por la comodidad y el bienestar.
Después de un corto tratamiento dejó de beber y se consideró curado. Pero yo le dije: «No le garantizo que no vuelva a caer en la misma situación si regresa a su antiguo puesto.» No me creyó y regresó con buenos ánimos a América.
Apenas estuvo nuevamente bajo la influencia de su madre, reincidió en la bebida. Entonces fui llamado por su madre, que se encontraba de paso en Suiza, para una consulta. Era una mujer razonable, pero de un carácter de mil demonios. Me di cuenta de con quién debía enfrentarse el hijo y supe que éste no disponía de las fuerzas necesarias para oponerse. Físicamente era él de aspecto algo delicado y en condiciones de inferioridad respecto a su madre. Así pues, me decidí por un golpe de fuerza. En ausencia del hijo, extendí ante ella un certificado de que él, a causa del alcoholismo, no podía desempeñar por más tiempo su cargo en el negocio. Debía ser despedido. Este consejo fue cumplido y naturalmente el hijo se indispuso conmigo.
En este caso realicé algo que, normalmente, no es fácil de conciliar con la conciencia médica. Pero sabía que debía aceptar sobre mí esta responsabilidad para bien del paciente.
¿Cómo se desarrolló el caso en lo sucesivo? Se separó de su madre y pudo desenvolver su personalidad: hizo una brillante carrera pese a o a causa del drástico tratamiento. Su mujer me estaba agradecida, pues su marido no sólo había superado el alcoholismo, sino que seguía su propio camino con sumo éxito.
Durante años tuve remordimientos respecto a este paciente por haberle extendido a escondidas aquel certificado. Pero sabía con certeza que sólo un golpe de fuerza podía liberarlo. Y con ello la neurosis quedaba también resuelta.” (pp. 150 – 152)(negritas agregadas por nosotros).

* En el folleto citado de AA se utiliza el término conversión. Podría ser un problema de traducción, pero como veremos en el siguiente post Jung no creía en las conversiones, ni en la doctrina de la gracia de Dios que tanto utiliza el programa religioso de los doce pasos de AA.